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Jun
01
2010
El psiquiatra Mariano Querol debutará sobre las tablas

Por Enrique Planas
Fuente:  Diario El Comercio

Una vez por semana, puntualmente, una joven bailarina asiste a su sesión de terapia. Frente a ella, distante, la escucha el veterano psiquiatra, que no conoce otra forma de aprehender el mundo que no sea a través de frases analíticas. A primera vista, no hay dos seres más distintos. Pero de ese encuentro, algo sucede. Los opuestos se atraen y el lenguaje del cuerpo flexibiliza el entendimiento. La terapia servirá para transformar a ambos: ella encontrará un sentido en las palabras, y él descubrirá los mensajes del cuerpo que había venido arrastrando durante tanto tiempo.

LA BAILARINA
Para la bailarina y actriz Carmen Aída Febres, si pudiéramos definir en una palabra el sentido de la danza, esta sería “flexibilizar”. “No se refiere solo a calentar un conjunto de músculos sino, especialmente, a hacer flexible la conciencia de nuestro propio cuerpo, de su lenguaje, y de cómo este se pone en contacto con los demás”, explica. Una certeza que aplica como bailarina, luego como profesora y posteriormente como terapeuta. Ella es una aguda crítica del concepto de “neutralidad” en la psicología, que establece la distancia que debe tomar el especialista frente al paciente, debiendo abstenerse de cualquier juicio o consejo. Sin embargo, para Febres, eso es imposible: “El cuerpo siempre está opinando , el cuerpo no es neutral”, dice.

Febres hizo de este tema su tesina para su Maestría en Terapias de Artes Expresivas y buscó apoyo en Mariano Querol, reconocido psiquiatra y su aplicado alumno de danza durante años. Querol es un convencido de la necesidad del movimiento para elevar la calidad de vida de las personas. Ninguno de los dos imaginó que estas reflexiones darían forma a una creación colectiva.

EL PSICOANALISTA
“En escena se representan los cambios que pueden ocurrir en una sesión de psicoterapia y se demuestra la conjunción de los aspectos científicos, representados vagamente por el psiquiatra, y los aspectos artísticos, espirituales y sutiles, representados por la bailarina”, señala el psiquiatra Mariano Querol, quien debuta en escena “con ánimo y simpatía”, señala. Eso sí: actuar no le resultó fácil. “El papel del psiquiatra es lo contrario de lo que soy. Es pasivo, orientado a dar recetas, casi caricaturesco. Me desagradaba mucho hacerlo, pero el director me explicó que un actor tiene que encarnar el personaje que se le entrega, aunque no te guste”, recuerda.

EL DIRECTOR
El actor Javier Echevarría es el responsable de llevar a escena “El psiquiatra y la bailarina” en la sala del Centro Cultural de la Universidad Católica. Compañero de estudios de Febres, Echevarría tenía el interés de devolver las experiencias del arte terapéutico al escenario del arte profesional.

“La obra no habla de psicología, sino del encuentro de un terapeuta con su paciente, de un hombre y de una mujer, de un padre con su hija. Tiene muchas connotaciones”, explica el director. “Para mí, durante el proceso creativo la obra sobrepasó las ideas iniciales que tiene un terapeuta sobre el lenguaje del cuerpo. Aquí se habla del lenguaje del cuerpo en general, de cómo no somos conscientes de aquello que transmitimos con él. Y allí se dan la mayoría de los conflictos”, añade.

MÁS INFORMACIÓN
LUGAR: Teatro del Centro Cultural de la Universidad Católica. Av. Camino Real 1075, San Isidro.
TEMPORADA: Miércoles de junio. 8 p.m. Entrada: 30 y 20 soles.

EL DATO
El turno de la palabra
Terminada cada función, los actores y el director cambiarán de roles para departir con el público como terapeutas. El conversatorio abordará los conceptos que fueron el punto de partida del montaje. Y pondrán en palabras lo que en escena ha sido esbozado en silencio.